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sábado, 9 de septiembre de 2017

Ansiedad nocturna

Cuántas noches sin dormir
cuántas letras por escribir.
Cansado de la irrealidad
y la realidad que escupe en la cara.

Verdad o mentiras
cuántas veces las dije
cuántas más no las entendí
seguir sentado en los días grises.

Esto no soy yo
es el otro, que vive dentro de mí
llámalo diablo, llámalo demonio
o locura, me da igual, no me deja vivir.

Cuál camino he de seguir
por un lado están los sueños de siempre
por el otro los nuevos caminos por seguir
decepciones y cariños que no pueden coexistir.

Hay un Dios, eso creo,
escuchando mis lágrimas, siguiendo mis dramas
algún día él responde, tarde o temprano,
y me enseñará a seguir.

lunes, 14 de agosto de 2017

Corto #1

Es que vi la Luna,
Y sólo pude pensar en tus ojos

jueves, 10 de agosto de 2017

Nacimos para ser amor

Nacimos para ser amor, a partir de un acto destinado para lo mismo.
Y nos lanzamos a la vida, con la fe como única pertenencia, hacia una carrera que nunca acaba.
De niños sólo el amor es capaz de guiarnos, cuando somos puro instinto. Y el amor nos enseña a hablar, y a ser, y a valernos por nosotros mismos. Y es el amor, o la falta del mismo, el que nos forja lo que llegaremos a ser de adultos.
Y nos movemos, conforme crecemos, para recibir y dar por igual, el amor que nos toca, el amor que nos falta, y el amor que nos sobra.
Una vez como adulto, descubres la amarga realidad, que el amor a veces no se tiene, o se creía tener y no era más que un espejismo de la necesidad. Y es entonces cuando de nosotros depende meramente el decidir, si nos transformamos en amor también, o si seguimos una cadena de odio y desamor.
Y esto es lo único que nos conduce, es lo único que nos hace inmortales. El amor en todas sus formas, no sólo aquel romántico e idealista, sino también el que corrige, el que moldea, el que sufre y hace llorar, todo amor, todo darse, hasta el último aliento, hasta el último instante del último pensamiento.
Volvemos de donde vinimos, al amor. Nacimos del amor y volvemos a él, en un último abrazo, en un último acto de dejarte ir, porque te amamos.
Sólo somos, nada más ni nada menos, parte de un gran y eterno Amén.