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martes, 7 de diciembre de 2010

Mañana... mejor después

Me encanta tu sonrisa, no me concentro en nada más, porque como el pequeño detalle de la nube, la sensación del Sol o la brisa de la mañana, eso es lo que puedo recordar.
Me encanta tu lunar, encima de tu labio, en tu pecho y en tus manos, porque como el primer brillo del día, la primera estrella y el último rastro de la lluvia, eso es lo que puedo recordar.
Ya se me olvidó cómo era, qué dije o cuándo lo hice, pero sé que nadie ni nada podrá arrebatarme el instante que supe de tu amor, y que mi corazón estaría dispuesto aceptarlo.

Cada vez que sonríes, que me tomas de la mano, que me das un beso, por pequeño que sea, me vienen a la mente mil amaneceres, mil atardeceres, el olor de la mañana, la lluvia que me encanta, el Sol que aparta el frío de mis pensamientos, la inteligencia que me falta y el humor que me sobra, el canto de la naturaleza y el de tu risa, que me hacen estremecer y me recuerdan porqué te besé aquel 3 de marzo en aquel parque.

Y eso es todo lo que puedo hacer y recordar.

Perdón si me pongo estúpido, pero esta "estupidez" me hace como soy. Y me hace amarte.

domingo, 5 de diciembre de 2010

5 de diciembre

Hace casi dos meses no escribo nada. He pasado tan ocupado, que me olvido de mí mismo a veces... Todo es desorden, tanto dentro como fuera de mí, eso me dejan los semestres.

5 de diciembre, hasta hace poco esta fecha representaba un poco de miedo y duda... Estaba algo nervioso, pero no ha pasado nada... y no me he enterado de nada, me mata la curiosidad... Pero poseo el orgullo y dignidad suficiente para soportarla...

Todavía no sé qué decir. Como Saramago, no escribo nada porque no tengo nada que decir.

martes, 12 de octubre de 2010

Como árbol

¡Qué increíble, somos como árboles!
Sólo basta un poco de tierra para formarnos, para germinar y crecer.
Algunos crecen siempre en terreno fértil y abonado, otros pasan su vida en medio de sequías y tormentas.
Y muchos vivimos por estaciones, unos días de verano, otros de otoño, otros de invierno y un poco de primavera.
A mí no me importa si, como el pino, mis agujas[1] caen con el tiempo. De por sí no me hace falta adornar mi cabeza para seguir vivo. No me preocupa, tampoco, llenarme de marcas como un corcho, de todas formas algún día mi corteza no servirá de nada, y me alegra mucho cómo la naturaleza me concibió.
Lo que realmente me concierne es cómo cuidamos a nuestra madre y base de nuestras raíces, y cómo la vida nos brinda lo que necesitamos para crecer: unos días lluvia, otros días sol. Al fin y al cabo, como los anillos determinan la edad del árbol, la riqueza del alma determinará quién soy.

[1] Agujas se le suele llamar al follaje de los pinos.