Quiero estar enfermo,
muy enfermo, toda la vida.
Pronunciar su nombre y alucinar
loco de esta fiebre.
¿Qué puedo hacer?
¿Qué quiero hacer?
Nada más quedarme callado
y con los ojos dormidos
ver el rostro de un ángel.
Amor es ella, no necesito más
que dormir en su regazo.
Por las noches suspirar
y caer de nuevo en la suave agonía.
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viernes, 6 de abril de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
Carta a alguien cuando el momento lo amerite
Podría ponerme cursi y escribirte una canción, diciéndote cuánto te extraño, cuánto haces falta aquí y cuánto deseo verte.
Podría ponerme triste y escribir un soneto o dos, o un epitafio largo, ahora que no estás.
Podría ponerme orgulloso y escribirte que ya no te necesito, que ya no perteneces aquí y que me alegro de que te hayas ido.
Pero no lo sé. Ahora no lo sé. No sé qué escribirte.
Te diría que sé lo que pasó y que no me importa.
Te diría que tal vez te amó, que lloró y que ya no le importa.
Te diría que sabes que me quieres, que lo odias y que ya no te importa.
Pero sólo sé que no sé. Ahora sólo te diré que no sé qué decirte.
Podría ponerme triste y escribir un soneto o dos, o un epitafio largo, ahora que no estás.
Podría ponerme orgulloso y escribirte que ya no te necesito, que ya no perteneces aquí y que me alegro de que te hayas ido.
Pero no lo sé. Ahora no lo sé. No sé qué escribirte.
Te diría que sé lo que pasó y que no me importa.
Te diría que tal vez te amó, que lloró y que ya no le importa.
Te diría que sabes que me quieres, que lo odias y que ya no te importa.
Pero sólo sé que no sé. Ahora sólo te diré que no sé qué decirte.
Decidido
Las promesas, están ahí
esperando a ser incumplidas.
Las palabras, pacientes
aguardan su destino de ser olvidadas.
Y escribiré versos melancólicos,
gris esquela del agua llovida,
reclamando al tiempo lo que se deja,
maldiciendo y ocultando la ira.
Pero no, esta vez,
será otro yo, en otra vida, en otro momento,
quien acabe pidiendo misericordia,
quien llore por un nuevo error.
Tú no mereces que siquiera te recuerde.
Pero te recuerdo.
Tú no mereces que siquiera te sueñe.
Pero te sueño.
¡Ay de aquel desdichado!
Que sin motivo aparente rompe en ilusiones,
que de repente se encuentra besando su boca,
que al instante despierta del amargo sueño.
Las tardes, están ahí
esperando a ser vistas.
Las estrellas, pacientes
aguardan su destino de consoladoras.
Y escribiré el verso decidido,
luz en la penumbra de esta lucha perdida,
diciendo que ya no me sacrificaré,
que el alba la puedo vivir con o sin compañía.
esperando a ser incumplidas.
Las palabras, pacientes
aguardan su destino de ser olvidadas.
Y escribiré versos melancólicos,
gris esquela del agua llovida,
reclamando al tiempo lo que se deja,
maldiciendo y ocultando la ira.
Pero no, esta vez,
será otro yo, en otra vida, en otro momento,
quien acabe pidiendo misericordia,
quien llore por un nuevo error.
Tú no mereces que siquiera te recuerde.
Pero te recuerdo.
Tú no mereces que siquiera te sueñe.
Pero te sueño.
¡Ay de aquel desdichado!
Que sin motivo aparente rompe en ilusiones,
que de repente se encuentra besando su boca,
que al instante despierta del amargo sueño.
Las tardes, están ahí
esperando a ser vistas.
Las estrellas, pacientes
aguardan su destino de consoladoras.
Y escribiré el verso decidido,
luz en la penumbra de esta lucha perdida,
diciendo que ya no me sacrificaré,
que el alba la puedo vivir con o sin compañía.
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