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domingo, 14 de agosto de 2011

Perdón

¿Por qué perdonas?

Por que sé que lo que tuve, tengo y tendré, valió la pena.

No es perfección

Ven alma perdonada
sujeta a tu vida.
Amarrada por el viento, por el sol,
por el agua fresca, por las bendiciones del mundo.

Ven alma inmaculada,
contagiada de la la risa, del gozo,
llena de cantos dulces de mujer,
animada por el mundo y por al amor que hay en todo.

Ven querida compañera,
presa del dominio de la bondad,
querida amiga mía que no conoce odio alguno,
templo de paciencia y de perdón.

Ven aquí, junto a mí hay espacio.
Déjame sentirme cómodo por una vez,
con toda mi miseria y desgracia,
ven junto a mí, yo sé lo que hago muy bien.

Por una vez, déjame...

Que estaré en frente tuyo, riendo como loco,
que poco me falta para la locura.
Porque sé que hay una cosa que no tienes,
sé que te falta y lloras y mueres por eso.

¡La delicia! ¡Sí, la delicia!
¡La delicia de la desgracia!
¡El sabor de hacer mal, mal y mal,!
¡El sabor de que te hagan mal!
¡El sabor de ver el mal!
De oler el mal, ¡Dios mío, su aroma!
¡Las ganas del mal, la pasión del mal!
Llámalo como quieras
Pero de vez en cuando sé
que quieres desgraciarte en esta vida,
como cualquier humano hace.
Como todos nosotros, ¡estúpidos y simples mortales!

miércoles, 27 de julio de 2011

¿Será importante esta última pregunta?

Dime nena, ¿acaso hay algo en mí que detestes?
¿Quién soy yo entonces, lo que debo ser, lo que puedo ser o lo que puedo cambiar?
Y si llevo tiempo tratando de dejar de ser alguien...
¿Por dónde debo empezar mi cambio?

¿Cómo me siento?
¿Será importante esta última pregunta?
¿Sabes algo más de mí además de lo que has pensado que soy o que hago?
De nuevo mujer, ¿quién soy?

¿Es eso todo lo que tienes por decir?